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Blog de Historia del periodismo

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Noticias de última hora e Información útil en la sociedad de consumo.

El control de la felicidad

 

MADRID (20/1/2011). ©© Redacción de Historia del Periodismo (Equipo de RHP)

 

Es igual de contraproducente para el hombre no saber controlar sus emociones que la ausencia de éstas. No existe ninguna decisión final sobre cualquier asunto en la que no esté implicada la emoción. Si ésta no se ve involucrada conviene desconfiar de cualquier proyecto que vaya a emprenderse. Se ha comprobado científicamente que la presencia de lo irracional se da tanto al principio de un proyecto como en la decisión final que se tome acerca de él.

 

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También, se ha desmostrado que el impacto de fenómenos como el consumismo y las actitudes excesivamente competitivas imperantes en la actualidad repercuten en los índices de felicidad. Este hecho arranca con la incapacidad para admitir que los intereses de la sociedad (como la acumulación de riqueza, por ejemplo) van por un lado y los del individuo (búsqueda del bienestar personal referido a lo intangible) van por otro.

 

La era de la tecnología, más que en cualquier otra época de la Historia de la humanidad, nos permite conocer cuán despreciable es el ejercicio del poder político por muchos de los que lo ostentan. La persistencia de sistemas no democráticos o gobiernos corruptos incide de manera significativa sobre los índices de felicidad.

 

Como quiera que sea, un factor determinante a la hora de sentirse feliz es el control de las situaciones. No dominar los acontecimientos en los que se está inmerso irritan al  cerebro y pueden llegar a sumir al individuo en una gran depresión.

 

A pesar de que las emociones son intangibles, y poco o nada conmensurables, psicólogos y psiquiatras coinciden en enumerar algunas circunstancias que podríamos llamar "factores de felicidad" y que se relacionan directamente con la satisfacción.

 

I. Reductores de la felicidad: Desprenderse de lo que nos han enseñado es mucho más importante que aprender. El pensamiento o las convicciones que asimilamos sin someterlas a un análisis basado en nuestra propia experiencia son inversamente proporcionales a la sensación de alegría. Igual que la belleza supone la ausencia de errores, la felicidad supone la carencia de miedo. Si perfeccionamos nuestras competencias y profundizamos en las relaciones interpersonales nos encontraremos más seguros y, por tanto, con mayor predisposición al bienestar.

 

II. Carga heredada: El ser humano no está programado biológicamente para morir. No existen mecanismos genéticos cuya función sea la de interrumpir los procesos vitales.

 

Sí lo está, en cambio, para envejecer; hecho que causa muchas veces gran parte de nuestro desasosiego. Evitar el envejecimiento depende de la habilidad para eludir las agresiones que soportan nuestras células a diario y reforzar sus mecanismos de regeneración.

 

Y es que, en realidad, el hombre es el único animal que no tiene que enfrentarse a un peligro real para aumentar sus niveles de ansiedad; le basta con imaginarlo.

 

III. Factores significativos: Es imprescindible tomar consciencia de la importancia de las emociones, ya que esto multiplica los demás factores que contribuyen a sentirse feliz. Si la emoción relativa a cualquier propósito es nula, la satisfacción que éste te provocará será también nula, por muy sensato o adecuado que te parezca.

 

La imaginación es un arma de doble filo. De la misma manera que imaginar situaciones futuras de estrés provoca los mismos resultados fisiológicos que si la situación fuera real, construir con la mente situaciones placenteras también lo hará.

 

A todos, nos suenan los versos "caminante no hay camino, se hace camino al andar". Machado, sin saberlo, había dado con una de las claves de la felicidad. El placer, el bienestar y la dicha residen  más en el proceso de búsqueda que en la consecución del bien deseado ♦

 

Otras fuentes e información relacionada en: La revista digital universitaria On CEU (autor: María Cappa).

 

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