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Blog de Historia del periodismo

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Más de 630.000 hogares viven de la economía sumergida o de la caridad y el subsidio

 

MADRID (04/08/2010). © Redacción de Historia del periodismo (Equipo de RHP)

 

Desde luego, hay algo en España que no cuadra mucho. Si el paro galopante que padecemos fuera efectivo, en realidad, los parados y los cabeza de familia que tienen un empleo -mal retribuido- para poder hacer frente a los gastos habituales de un hogar, cada día, se reunirían en las plazas principales de sus ciudades o en la mismísima Puerta del Sol para hacerse notar y manifestar su malestar, poniendo a caldo, a diario, a Zapatero y a sus Ministros.

 

Obviamente, cuando muchos callan y no protestan -porque no se escuchan apenas protestas- es porque algo hay que, quizá, provoque que algunos españoles no tengan la necesidad de protestar en exceso. Esto es, la cara más amarga de la crisis económica tiene nombre y apellidos. Ya son 630.600 hogares en los que ninguno de sus miembros percibe ingreso alguno: viven, por lo tanto, de la caridad (a través de organizaciones como Cáritas); cobran el paro o están plenamente integrados en los circuitos de economía sumergida haciendo chapuzas, como se conoce al trabajo informal de carácter esporádico (debido al descontrol total de impuestos, "dinero limpio").

 

 

Son por decirlo de una manera un poco más gráfica, los hogares más pobres entre los pobres. Aquellos que no reciben ingresos del sector público y que representan el 3,7% del conjunto de hogares.

  

Los datos los ha revelado la última Encuesta de Población Activa (EPA) y ponen de manifiesto la dureza de esta crisis. Hace justamente un año el número de hogares sin ingresos era de 528.900, mientras que en el segundo trimestre de 2008 su número ascendía a 257.100 hogares. Esto quiere decir que en sólo dos años el número de hogares sin ingresos se ha duplicado, aunque, si se mira más atrás, los resultados son todavía más elocuentes. Hace tan sólo cinco años, el número de familias en esa situación era de 156.500, lo que significa que en apenas un quinquenio se ha multiplicado por cuatro el número de hogares que están en peor situación económica.

 

 

La metodología de la EPA considera perceptores de ingresos: a quienes han declarado tener trabajo; recibir una pensión de jubilación o de otro tipo; o percibir un subsidio de desempleo a cargo de los poderes públicos, estén o no inscritos como demandantes de un puesto de trabajo. El resto, por lo tanto, está fuera del sistema económico, salvo que se trate de rentistas.

 

Hay que tener en cuenta que aunque la cobertura del desempleo se encuentra en niveles históricamente elevados, la red de protección social sigue teniendo notables ‘agujeros’. Los datos más recientes (hasta junio) reflejan que el 78,33% de los parados registrados en las listas de los servicios públicos de empleo percibían alguna prestación de carácter económico (la mitad de carácter contributivo y la otra mitad asistencia).

 

Aunque, si comparamos esta cobertura con los datos de la EPA sólo el 64% de los parados cobra alguna prestación, lo que explica el abultado número de hogares en los que no se percibe ninguna renta.

 

Aparte, los datos de la EPA reflejan, igualmente, un hecho extraordinario que pone de manifiesto la intensidad de la crisis económica. El número de ‘cabezas de familia’ sin empleo -aquellos que la EPA denomina personas de referencia- se ha disparado hasta los 1,73 millones. Es decir, justamente el doble que hace dos años (883.000) y casi el triple que hace tres (601.600). Esto quiere decir que casi uno de cada tres parados son ‘cabezas de familia’.

 

Esta cifra es relevante en términos económicos por el hecho de que habitualmente los mayores ingresos de una familia proceden de la persona de referencia (hombre o mujer), por lo que en caso de que se pierda el empleo se produce una brusca caída del consumo. Pues bien, de los 1,73 millones de hogares en los que el cabeza o la cabeza de familia se encuentran sin empleo, la mitad tiene otra fuente de renta, lo que mitiga la dureza de la crisis. En otros 175.900 hogares hay dos receptores de ingresos y en 46.200 tres o más. Como curiosidad, pero irrelevante en términos estadísticos, 8.700 hogares tienen a cuatro o más de sus miembros cobrando alguna percepción económica, aunque el/la cabeza de familia se encuentre sin trabajo.

 

El 16,8% de las personas de referencia se encuentra en paro, mientras que en el caso de los cónyuges este porcentaje alcanza un cifra casi idéntica, el 16,8% (página 16 de este documento). Por el contrario, el 32,1% de los hijos se encuentran en situación desempleo, cuya tasa crece a medida que se reduce la edad. El paro llega al 42% para los jóvenes con edades comprendidas entre 16 y 24 años, el doble que a nivel general.

 

Y es que, ante una crisis que no conoce fronteras, culpable es tanto el ciudadano que recurre a la picaresca como el propio gobierno; unos por engañar y otros por permitirlo, pues, no será por la falta de funcionarios que deberían llevar perfectamente el control de todo esto y de otras tantas cosas que, normalmente, se les escapan de las manos; porque como dice el refrán: "dame pan y llamame tonto".

 

Solución: de momento y después de dos años en crisis, no se vislumbra ninguna; sobre todo, gracias a las maravillosas propuestas políticas de nuestros gobernantes de turno; pero, es evidente que, si esto continúa así, algún día tocaremos fondo ♦

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