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Blog de Historia del periodismo

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Razones científicas para creer en los vampiros

 
MADRID (19/12/2010). ©© Redacción de Historia del Periodismo (Equipo de RHP)
 
Una noche tétrica, oscura y tormentosa, el neurólogo español Juan Gomez-Alonso se encontraba viendo una película de vampiros cuando se percató de algo muy extraño: "el comportamiento de los vampiros es muy similar al de los enfermos con rabia".
 
Para empezar, esta patología es transmitida por un virus mediante mordedura, lo que es fácilmente reconocible en un ataque de vampiro. El virus daña el sistema nervioso central, alterando el estado de ánimo y los comportamientos de los infectados. Las víctimas se vuelven dementes e inquietas y, al igual que los vampiros, su carácter puede volverse violento. La rabia tiene otros síntomas, puede causar insomnio, lo que explicaría el tema de la nocturnidad e insomnio del mito draculesco.
 
Además, los enfermos con rabia también pueden experimentar espasmos musculares, que incluso a veces les hace escupir sangre. Pero, más impresionante aún es el hecho de que estos espasmos son provocados normalmente por las luces brillantes, agua, espejos y olores muy fuertes (el olor a ajo, por ejemplo, podría aplicarse a este contexto).
 
Después de estos razonamientos, el doctor se sintió obligado a continuar estudiando el mito de los vampiros y la historia médica de la rabia. Con el tiempo, descubrió una conexión aún más profunda entre los dos fenómenos: Las historias de vampiros fueron recogidas en las principales gacetas y revistas de Europa en el siglo XVIII, cuando -al mismo tiempo- ciertas áreas europeas estaban experimentando brotes de rabia. Esto fue bastante impactante en Hungría, entre 1721 y 1728, donde surgió una grave epidemia que afectó a perros, lobos y otros animales, frecuentemente, asociados al vampirismo.
 
Gómez-Alonso publicó en 1998 un artículo en la revista médica Neurología, que pretendía argüir la teoría de que la leyenda de los vampiros se basaba realmente en la enfermedad de la rabia.
 
Como quiera que sea, Gómez-Alonso no fue el primer científico que trató de comparar el vampirismo con una enfermedad real. En 1985, el bioquímico canadiense David Dolphin propuso un vínculo entre los vampiros y la porfiria, una rara enfermedad que, dicho sea de paso, se suele caracterizar por la producción irregular de un componente de la hemoglobina (un pigmento rico en hierro de la sangre). Este trastorno puede causar convulsiones, trances y alucinaciones que duran días e incluso semanas.
Como resultado, a menudo las personas con porfiria suelen padecer demencia y también suelen experimentar una sensibilidad extrema a la luz, tanto que pueden llegar a presentar quemaduras y ampollas cuando su piel se expone al Sol. Otro síntoma de porfiria es la intolerancia al azufre en los alimentos. ¿Qué alimento creéis que contiene una gran cantidad de azufre? Sí, lo habéis acertado, el ajo ♦
 
Otras fuentes e información relacionada en: El diario El País (autor: Luis Miguel Ariza).
                                                                    Weblog Ballesterismo: la curiosidad no mató al gato.
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