Por su parte, la Comunidad Valenciana suele albergar durante los meses de junio, julio, agosto y septiembre alrededor del los 2,2 millones de turistas, según indican las encuestas de movimientos turísticos en fronteras, Frontur. La región levantina es la principal receptora de los madrileños, que apuestan por sus playas para el asueto veraniego. Sin embargo, la crisis económica ha hecho mella en el sector de la hostelería, que atraviesa otro de los perores veranos de las últimas décadas. "Muchas terrazas están vacías a la hora del aperitivo", corroboran los empresarios. La mayoría considera que, desde 2008, ha reducido la facturación de un modo considerable y más de un tercio se ha visto obligado ya a destruir empleo.
Y es que, la caída de la rentabilidad es un hecho latente: "si antes alguién pedía varios refrescos, ahora sólo te piden un café, que sale más barato", dice el dueño de un establecimiento de Castellón de la Plana. Igualmente les pasa con los platos de comida, porque lo que más hacen son bocadillos.
Es más, a esta crisis también se suman los "lateros", que continuamente ofrecen bebidas a euro o a euro y medio, sin necesidad de que los bañistas tengan que desplazarse a ningún sitio. Al mismo tiempo, sigue en aumento la afluencia de los usuarios cargados con neveras y alimentos para pasar un agradable día frente al mar. Pero, por ejemplo, el problema en Valencia es que una normativa municipal prohíbe comer en la arena, aunque ello no impide a los asistentes de la playa disfrutar de sus platos, traídos desde casa.
La policía local admite que evita aplicar la norma y denunciar a la gente que no se puede permitir el lujo de un menú en un bar. Fuentes consultadas de este cuerpo afirman que: "sólo cuando vemos que los bañistas 'toman' la playa como si fuera la cocina de su casa, les recordamos que esa práctica debe ser abandonada y que está prohibida". Las mismas fuentes aseguran que, en estos casos, "lo que suelen hacer -los aprecibidos- es trasladar su chiringuito particular al paseo marítimo", donde sí está permitido comer.
En cualquier caso, muchos empresarios ya no saben que hacer, ante esta desfavorable situación, y prefieren aplicar el ingenio o un ligero toque de humor, antes que llorar. Por ejemplo, en una cafetería de la calle de Poeta Guime (Castellón) se solicita clientela -a modo de oferta de empleo-, porque, en los tiempos que corren, no es fácil encontrarla. La iniciativa ha hecho que proliferen carteles anticrisis como éste en en más de un local, para atraer clientela.
Pero, evidentemente, la crisis va por barrios. Benidorm, capital turística de la Comunidad Valenciana, juega en otra liga. El peso del turismo extranjero -fundamentalmente el británico, alemán y belga- en la localidad alicantina es superior a la media. Según explican fuentes oficiales "la ocupación en hoteles durante agosto roza casi el 100%, gracias a los visitantes foráneos". Sin embargo, muchos de ellos no escapan a las tendencias del turismo patrio, que pasan por reducir gastos en los restaurantes más caros, en la compra de souvenirs y en otros servicios adicionales. Esta situación ha provocado una "guerra de ofertas", con el añadido de que muchos hoteles pugnan para que sus clientes apuesten por la pensión completa, provocando así otro trastorno añadido para los negocios gastronómicos y hosteleros.
Muestra de ello es que, en general, los restaurantes, heladerías, bares y cafeterías, al margen de la categoría, han notado una merma en sus reservas habituales, en comparación con años anteriores. Si en otras ocasiones era complicado encontrar mesa en las zonas de veraneo por excelencia, incluso reservando con días de antelación, actualmente no es nada difícil.
De hecho, a día de hoy, muchos testimonios de veraneantes coinciden en que "si queremos pagar la luz, el agua y el teléfono nos tenemos que olvidar de todos estos lujos. España está fatal", aseguran con un tono de voz que denota entre rabia y añoranza por los tiempos pasados. Mientras tanto, unos jublidados dicen a coro: "si pagas la luz olvídate de estos lujos; y es que, los jubilados todavía estamos peor que los jóvenes; sino fuera porque el bonobús es prácticamente gratis, no tendríamos dinero ni para venir a la playa".
Pero, no sólo aquellos que no cotizan se han visto abocados a no poder salir a comer fuera. Un grupo de amigos y sus hijos han llegado a la playa de la Malvarrosa (Valencia), desde un barrio periférico. Son ocho en total; y, aparte de los juguetes de los pequeños, los dos matrimonios han traído la mesa y la comida para todos ellos. Y, aunque ninguno está en paro, explican que es imposible pagar la cuenta de ocho personas en un restaurante o el simple tapeo en un bar, porque sale demasiado caro: "antes se podía ir a comer en familia a un restaurante, ahora no. Todo ha subido menos los sueldos", sentencian. Por eso, "resulta más agradable comer en la playa". Y es que, para el españolito de hoy "no es normal gastarse 30 o 40 euros por barba (y eso siendo prudente) en una comida, en cañas y tapas, en una cena o en copas. Eso son varias horas de trabajo que quizás haya gente que no sepa valorar", concluyen ♦